DOSSIER DE PRENSA
AMIC / AMAT
HIJOS & AMANTES
Con un sistema de producción (una película por año) que recuerda al de Woody Allen, Ventura Pons parece crecer, en hondura y habilidad narrativa, a cada nueva entrega de su trabajo. Tras Carícies, basada en una obra de Sergi Belbel, el director catalán vuelve a Benet i Jornet, al que ya adaptó, con notabilísimos resultados, en Actrius, para mi gusto su mejor película... hasta Amic/Amat. Como Actrius, Amic/Amat es un relato en torno al tema de la herencia. Un profesor de literatura (Josep Maria Pou), tras una larga estancia en el extranjero, vuelve a Barcelona para morir, víctima de una enfermedad terminal. El profesor ha estado locamente enamorado dos veces en su vida: La primera, en su juventud, de un compañero de universidad (Mario Gas), ahora casado y con una hija, y la segunda, de un estudiante (David Selvas) de un talento superlativo, pero violento y salvajemente nihilista, al que el profesor quiere "salvar", convirtiéndole en una suerte de heredero espiritual. Como pronto descubrirá, el muchacho 1) se gana la vida como chapero, 2) ha dejado preñada a la hija de su amigo y, 3) tiene menos ganas de ser salvado que Jodie Foster en Taxi Driver. A la trama original, eminentemente masculina, de Testament, la pieza en la que se basa Amic/Amat, Benet i Jornet, responsable del guión, ha añadido una segunda, centrada en los personajes de la madre (Rosa Maria Sardá) y la hija (Irene Montalá), que complementa admirablemente este melodrama de padres e hijos (o, parafraseando a Lawrence, de hijos y amantes) y desarrolla el sugestivo tema de la "vida por procuración": La madre que envejece y quiere seguir viviendo a través de la juventud de su hija.
El ritmo narrativo, denso e inusualmente intenso (para los tiempos que corren), hace olvidar la convención del rosario de coincidencias sobre las que se articula el relato: Una planificación sin ornamentos inútiles, una emotiva banda sonora de Carles Cases (en la línea sinfónica del Georges Delerue de L'important c'est d'aimer, otro título posible para esta película) y, por encima de todo, un quinteto de interpretaciones superlativas hacen de Amic/Amat la mejor película de Ventura Pons y una de las más hermosas y "adultas" del cine español.
Los dos ases de Amic/Amat son, indiscutiblemente, esa pareja de monstruos de la escena formada por Josep Maria Pou y Rosa Maria Sardá. Josep Maria Pou, en el papel del homosexual maduro que busca asirse desesperadamente a la vida, está impresionante, casi un cruce entre Erland Josephson y Philippe Noiret: Demasiado tiempo malgastado, cinematográficamente, en personajes secundarios, el trabajo de Pou es una "recuperación" por todo lo alto, que puede valerle todos los premios del año, igualado en voltaje por Rosa Maria Sardá, igualmente inmensa reteniendo todo su dolor bajo una capa de constante jovialidad. Mario Gas, en su retorno a las pantallas, sirve con absoluta justeza el difícil rol de un hombre cuyo mundo salta por los aires en pocas horas, y en el apartado de fulgurantes confirmaciones resplandecen la fiereza de David Selvas y la sinceridad de Irene Montalà. No se la pierdan.
Marcos Ordóñez
Fotogramas
Llama poderosamente la atención que un director español haya sido capaz, en estos tiempos tan duros para la creación en libertad de dar un giro en redondo a su trayectoria y encontrar el sistema de hacer cada año una película estupenda sin trampa ni cartón. El por qué de las cosas, Actrices, Caricias y ahora Amigo/Amado son el resultado de esta operación de limpieza moral, de íntima sinceridad y coherencia, que Ventura Pons ha llevado a cabo como quien no quiere la cosa, situándose entre los mejores directores de nuestro cine.
Pons vuelve a un texto teatral de Benet i Jornet, que el dramaturgo ha reescrito con el director para su puesta en imágenes, añadiendo dos personajes femeninos a los tres protagonistas masculinos de la función, sin que el original remozado pierda sentido ni intensidad. Una vez más estamos ante una historia de sentimientos e ideas, en las que se barajan descarnadamente, pero con suma elegancia y con un extremo amor por el idioma -anímense y vayan a verla en catalán, que no les va a pasar nada- temas universales, como el sentimiento amoroso, la proximidad de la muerte, la decadencia física, el paso del tiempo, la búsqueda desde el presente de un sentido a los hechos del pasado, la peternidad, la ambición, las mentiras internas que hacen las veces de muletas de la superviciencia, el verdadero sentido del sexo, el afecto que se gana con el tiempo y que oculta la ausencia del amor, la trascendencia, la remota posibilidad de la herencia en su sentido más esencial, y un larguísimo etcétera.
Porque Amigo/Amado, ya lo habrán adevertido, es una película densa, con escasas transiciones, eso sí, de gran belleza y concisión, en donde no se pierde el tiempo y se va siempre al grano, Una película triste, serena, lúcida y, también, arriesgada, porque se atreve a jugar con la importancia, e incluso la exageración, del azar, de las casualidades, de la acumulación de hechos significativos en un breve lapso de tiempo.
Como si estuviéramos en el teatro y, precisamente porque estamos en el teatro, ya que Ventura Pons está empeñado en conservar la esencia teatral en una textura puramente cinematográfica y sin renunciar a ninguna de las características escénicas de un texto que tiene su origen en la técnica teatral. Ni que decir tiene, que lo consigue. Amigo/Amado está planificada con extraordinario buen gusto y funcionalidad, dando al césar lo que es del césar. Es decir, otrogando el protagonismo a sus cinco actores -seis, con la breve escena de Jordi Dauder-, conscientes de que son ellos los que viven el guión, quienes dan veracidad y vida a los muy ricos personajes salidos de la pluma de Benet i Jornet. Josep Maria Pou, ese gran actor al que llevamos admirando desde hace casi treinta años -¡aquellas Tres hermanas de José Luis Alonso!-, y al que sus maravillosas caracterizaciones en Actrices, La hora de los valientes y Los años bárbaros, no han sido suficientes para que le nominemos este año a los Goya -uno de los flagrantes olvidados de la historia de este premio-, lleva todo el peso de esta película admirable. Está sencillamente inmenso. Su trabajo es riquísimo, matizado en cada mirada, cada cambio de actitud física, cada gesto. Rosa María Sardá, Mario Gas, Irene Montalá y David Selvas se lo ponen muy fácil porque le dan réplica a su mismo nivel. Cinco actores geniales para una gran película
Fernando Méndez-Leite
Guia del Ócio
CORAZÓN Y CEREBRO
Bucear en lo más inaccesible de uno mismo y proyectar el resultado de tan perturbadora incursión sobre una pantalla, sin caer en la impostura o en la pedantería, sólo está al alcance de alguien que suma a su temeraria sinceridad un profundo conocimiento del oficio. Ventura Pons es un cineasta en estado de gracia que desde hace cuatro películas da la espalda sistemáticamente a la moda, a lo superficial, a las interpretaciones sociológicas de la vida, para concentrarse en lo que verdaderamente le importa; a él y a todos en general, aunque muchos se resistan a confesárselo; en lo esencial en la naturaleza de los afectos y los instintos, en la felicidad inaccesible; en la dificultad de entenderse con los demás, en la obsesión del trabajo bien hecho, en la necesidad y en el miedo a mostrarse, en la desesperación con causa de los individuos o en la esperanza especulativa de la especie.
Como empieza a ser habitual, Pons se sirve en Amigo/amado de un texto teatral inteligente y descarnadamente dialogado, magistralmente adaptado por el propio autor, Josep M. Benet i Jornet que alcanza todo su sentido en la voz y en el cuerpo de unos actores magníficos, investidos del saber estar y decir que da la familiaridad con los escenarios. Josep María Pou y Rosa María Sardá centran lo más emocionante de esta película sobre la muerte, la soledad en compañía, el conocimiento de uno mismo y la relatividad del tiempo desde la perspectiva de los que empiezan o terminan de vivirlo, pero los demás, jóvenes y maduros, y sobre todo David Selvas, en un papel especialmente resbaladizo, están a la altura de esta sucesión de confrontaciones a dos que trasciende el origen literario y la apariencia naturalista del proyecto. Ventura Pons ha construido un espectáculo moderno e intemporal, valiente, desgarrado, conmovedor, en el que pasan muchas más cosas de las que se escuchan o se ven a primera vista.
A. Bermejo.
El Mundo
EL OFICIO DE VIVIR
Que la relación entre Pons y el dramaturgo Josep M. Benet i Jornet podía dar, después del extraordinario trabajo de ambos en Actrices, buenos resultados, parecía asegurado a priori. Y así ha ocurrido: Benet, en el que es su primer guión para la pantalla, ha adaptado con inteligencia una espléndida obra anterior, Testament, a la cual añadió una línea argumental nueva, con lo que aquélla, esencialmente un enfrentamiento entre tres hombres, un maduro profesor de literatura, homosexual y enfermo; un colega, ahora casado, aunque años antes el primer y platónico amor del profesor, y un amoral, aunque brillante alumno de ambos, se ha ampliado ahora con dos personajes femeninos, madre e hija, que amplifican el alcance de la peripecia que se narra.
El resultado es un filme a la vez callado y estremecedor, en el que Pons demuestra su glorioso impudor a la hora de hablar de los sentimientos -de los más importantes, de los que parece banal hablar a buena parte del cine de hoy mismo: del amor, homosexual o no; de la dependencia afectiva, de las herencias recibidas, de la forma en que vemos a quienes ya no tienen nuestra edad-, y en el que Sardà y Selvas, tienen por fin unos personajes redondos, bien construidos, plausibles, a los que agarrarse y a los que sacar un gran partido. En el que la desorientación del personaje que interpreta Mario Gas encuentra en el actor -un pelín por debajo de sus partenaires, no obstante- una complicidad notable.
Y en el que por fin Josep M. Pou ha hallado no ya una ocasión de lucimiento personal, sino sencillamente el papel de su vida: en la hondura de su oficio, en su portentoso saber estar ante la cámara; en su reconcentrado y nada efectista talento obtiene Pons la baza más firme para mantener en pie el sólido edificio -teatral; pero también vital, humano -construido por el sabio Benet i Jornet.
Milito Torreiro
El Pais
"Una maravillosa y terrible obra maestra."
Antonio Grasset.
DIAS DE CINE (TVE)
-"La intensidad de los sentimientos sugeridos alcanza un nivel inmenso."
E. Rodríguez Marchante.
ABC
-"Ventura Pons vuelve a demostrar que es un excelente director de actores y que, como cineasta, sabe que sabe lo que sabe, algo que Confucio consideraba la esencia de la verdadera sabiduría."
Sergi Sánchez.
LA RAZON
-"Magnífica historia filmada con un estilo conciso... La virtud del trabajo de Pons estriba en hacer muy epidérmica la compleja marejada de relaciones..."
Quim Casas
EL PERIODICO DE CATALUNYA
-"No es una historia de "generaciones", sino algo más abstracto y absoluto que, alcanza una gran intensidad dramática. Ventura Pons sigue avanzando por un camino único en nuestro cine, demostrando que el concepto de adaptación literaria no está reñido con la modernidad,"
Antonio Weinrichter.
CINEMANIA
-"Pons no solo comprende a sus personajes y sus debilidades, sino que los baña en un descomunal océano de carió. El adjetivo soberbio le queda corto al reparto de "Amic/Amat".
Jordi Batlle Caminal.
GUIA DEL OCIO |